Insistir en lo cardinal

Al nombrar la Guajira se entrelazan imágenes coloridas de artesanos mágicos, poseedores de una riqueza cultural que por siglos han defendido de forma constante y contundente su más preciado tesoro : el territorio y su gente. Esta inmensa península habitada por diversas tribus indígenas tales como los Arhuaco, Koguis, Wiwa y Wayuu entre otros, hoy se enfrentan a una sequía sin precedentes de tendencia prolongada y una indiferencia colectiva que agrava día a día el panorama de la región.
La riqueza del territorio Guajiro ha sido objeto de múltiples bonanzas como la de perlas, pasando por la del contrabando, la marimbera, la minera, y hoy en día la petrolera y gasífera. Dichas actividades que involucran la explotación del subsuelo están respaldada por la teoría socio económica que parte del supuesto, de que aquellas, son las principales locomotoras para generar empleos, dinamizar la economía, generar ingresos al municipio, al departamento y a la nación, por lo cual se incentiva la inversión extranjera y, por ende, aumenta el desarrollo económico del país, y finalmente genera desarrollo social a la región.

Sin embargo, al ver la realidad en las rancherías del Departamento, resulta muy difícil creer en estos argumentos, puesto que lo que se evidencia son los cuerpos lánguidos, desnutridos y desamparados de cientos de niños guajiros, consecuencia del cambio climático que afronta esta región del país. El abandono de las propias instituciones públicas, e irónicamente, por los daños ambientales ocasionados por este proyecto económico concebido como una locomotora.

El panorama de la región es desalentador : Según el IDEAM las lluvias cesaron en la región desde enero del 2014 dejando así una parálisis generalizada en la agricultura, la ganadería y demás actividades de sustento que afectan directamente las poblaciones más remotas y en especial a la niñez. El DANE registró más 2.223 niños menores de 5 años con problemas graves de desnutrición, de los cuales 525 tienen desnutrición severa y riesgo de fallecer en los próximos días.

Esta situación no da espera, teniendo en cuenta que todos los argumentos son débiles frente a la urgencia humanitaria por las funestas consecuencias de los impactos ambientales negativos tanto por el cambio climático como por las actividades económicas en la región.

Es difícil enfrentar la realidad, y más aún cuando se está acabando con la cultura propia de nuestra nación representada por comunidades indígenas de tradiciones y valores solidaridarios tanto con sus semejantes como con su entorno natural. Cuesta creer que en la Guajira ya no se baila la Yonna ni se celebran acontecimientos como el agradecimiento a Maleiwa, el creador, o por alguna revelación a través de los sueños, se le agradece a Seiyuu, espíritu protector. Las rutinas diarias de hombres, mujeres y niños es extraer un poco de agua para sobrevivir al extenuante sol de las rancherías y continuar con sus labores artesanales que son mal pagadas en diversos mercados de Riohacha, pero al parecer es la única salida para el sustento familiar.

Quica ayudó a recaudar fondos para esta crisis y creó conciencia sobre la importancia del agua en Colombia y en todo el mundo . Puedes unirte a los esfuerzos de Quica en la página de facebook:
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